Retos/invitaciones de “La dictadura del algoritmo”

Por Kenneth Fowler

Acabamos de ver en toda Cuba, y buena parte del mundo, el documental “La dictadura del algoritmo”, del realizador Javier Gómez Sánchez. Para otros más letrados en labores de crítica quedará ese ejercicio de análisis cinematográfico, artístico y comunicacional que permita diagnosticar fallas y aciertos del producto. No obstante, me permito esta oración para felicitar a todo el equipo que tuvo que ver con la obra, y a los entrevistados.

Ahora, más allá de la pertinencia – mucha a mi entender – de la temática tocada, más allá de concordancias o discrepancias en torno al abordaje de la misma, toca preguntarse después de consumir el documental, a qué nos está invitando.

¿Y ahora qué?

Defiendo el criterio, plasmado de manera magistral por Israel Rojas, de que realizar este ejercicio intelectual es la “parte fácil” – y aun así no siempre lo hacemos y de ahí la importancia meridiana del documental. Lo “difícil” es la segunda parte de la ecuación, esa donde tenemos que sobreponernos a adversidades técnicas, a gigantes comunicacionales e ideológicos que libran la batalla en las redes, para llevar los rasgos de nuestra política innovadora a esos espacios. Porque a nadie puede caber dudas de que la política de la Revolución, amén de estancos o desaciertos, ha sido históricamente innovadora; pues a innovar en el ciberespacio.

Sobre esto – a mi gusto una de sus virtudes – el documental deja más preguntas que respuestas, pero me gusta considerarlas mejor como un reto (otro más), una invitación a pensar, y a pasar entonces del plano de denuncia al plano propositivo.

Se habló de reformas educacionales. ¿Existen programas especializados en el uso de las redes sociales, sus aspectos éticos, en nuestra educación general? ¿Acompaña la escuela el proceso de aprendizaje tecnológico de un infante de la mejor manera? ¿Están capacitados todos nuestros maestros y maestras – y cualquier otro miembro del personal docente – para lidiar con los nuevos problemas que las redes conllevan y que cambian el escenario educativo y de convivencia desde edades tempranas?

¿Estamos creando y difundiendo contenidos de valor que puedan llegar a los estudiantes en los espacios virtuales que ellos moran? ¿Debe ser toda la apuesta a soluciones tecnológicas propietarias? ¿Existe una contradicción entre la búsqueda de soberanía tecnológica y el necesario (y algunas veces largo y tortuoso) periodo de asimilación ante otras plataformas ya impuestas?

No podemos pecar de ingenuos ni injustos al hacer estas valoraciones pues mucho se hace hoy en el país para acercar a los niños a las nuevas tecnologías de una manera responsable. No obstante, entre factores objetivos como la disponibilidad de hardware en las escuelas, hasta subjetivos como la falta de preparación de educadores en estos temas, el estudiante transita un terreno yermo en sus años de educación general que genera vacíos solo llenables por familias que no necesariamente tengan esas lagunas cubiertas ellas mismas.

Se habla de prensa, se habla del ecosistema de medios subversivos y su alta capacidad de articulación alrededor de un discurso. ¿Hacemos lo mismo nosotros? ¿Se aprecia el mismo nivel de articulación entre los medios estatales?

¿Puede existir esa articulación también entre medios estatales y esfuerzos comunicacionales verdaderamente independientes (entiéndase aquí aquellos que no se enmarcan en la lógica mercenarista del ejército de medios subversivos financiados de una u otra manera para atacar al país y al proyecto social)? Si es el caso, ¿qué tipo de relación debe/puede existir?

¿Cómo llega nuestra prensa a las redes sociales? ¿Todas las estrategias de comunicación son realmente efectivas? ¿Decimos todo lo que debemos, cuándo debemos, a quién debemos y cómo debemos?

Son muchos los retos/invitaciones que deslinda el documental, debemos convertir también las redes en espacios de emancipación, donde se comparta lo mejor de nuestra cultura, de nuestro pensamiento, donde se visibilicen y, más importante, se desarrollen acciones de formación, de diálogo, de participación verdadera. Las redes deben ser también un espacio de participación política popular, nuestros cuadros deben estar en las redes, nuestra asamblea debe estar en las redes, nuestra juventud, nuestro partido deben participar en las redes. Las redes deben ser espacios de rendición de cuentas, de consenso, de buscar colectivamente la resolución de los problemas. Y no es que los “cómo” estén ahí escondidos a simple vista, hay que buscarlos, hay que luchar por ellos.

Pero,  ¿qué es la lucha para un revolucionario si no su destino último?

Son muchas preguntas, casi infinitas; son tantas preguntas que quizá entorpecen la lectura – mis disculpas por eso – y hacen que parezca un trabalenguas o un laberinto. Empecemos a andar para encontrar algunas respuestas y quizá el próximo texto sea menos enredado.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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