El reto de nuestros días


Por Luis Alberto Domínguez Vázquez

Tuve oportunidad de leer en La Joven Cuba, un artículo publicado recientemente: Palabras que devoran las palabras, escrito por el profesor Gustavo Arcos Fernández-Britto. El artículo me ha parecido tan desafortunado, como lo ha sido el propio medio que lo publica.

La Joven Cuba es un medio que ha sabido aprovecharse de manera muy inteligente y eficaz de todas las situaciones que hieren la sensibilidad del cubano, desde lo material hasta lo espiritual. Juega con el sentido de nacionalidad desde su propio nombre, con la Historia, con los ideales que impulsaron la Revolución. Es un medio que ha tenido una fatídica evolución, que inicialmente tenía una crítica saludable al proceso revolucionario. Ahora todo se convierte en agresividad y ataques, disfrazados de exposición honesta y sencilla de contradicciones.

En el caso concreto de este artículo, su autor, como un hombre intelectualmente preparado que sabe cómo se debe guiar un público, utiliza lo que funciona para su fin. Una persona que también lo leyó me decía que no comprendía como alguien tan inteligente podía hablar o pensar de esa manera, y es que la inteligencia en estado puro no tiene intereses, es por los códigos que se deja contaminar la inteligencia, lo que marca la definición de hacia dónde va a impulsar toda su fuerza.

Pienso que hay puntos, entre los que usa el artículo como introducción, que son reales: el conflicto material y cotidiano de los cubanos como seres humanos que comen, que tienen necesidades familiares, que andan en ¨la lucha¨ todos los días. Pero el texto hace enfrentar esa situación, con otra que va mucho más allá: Cuba es un país con una Historia muy peculiar, que no puede de pronto mirar, como si nada, a ningún modelo de izquierda europeo desarrollado, y que tampoco puede aspirar a un capitalismo de primer mundo. Cuba es una isla, tercermundista y latinoamericana. Con esas tres condiciones ya se tiene bastante para un coctel un tanto amargo. Y para sumar más, tiene un peso que carga desde hace muchos años, antes de sus Guerras de Independencia: en Cuba se olvida muy rápido. La novela y el filme Memorias del Subdesarrollo hablan, entre muchas cosas – y creo que ha de ser estudiado – de eso, de cómo todo el talento del cubano se desgasta en adaptarse.

Creo que un debate plural en el país es necesario. Una actualización en la manera de comunicar la política, que necesita observar con profundidad – dicho esto por transparente y cercana – a los sectores más nuevos que componen la sociedad; hacia la generación que me acompaña en la que noto con preocupación, un desarraigo por la Historia mas reciente del país, y por el proceso revolucionario, en la que cada vez más, se obvia, minimiza, y se niega incluso, la participación de fuerzas externas, de Estados Unidos, del Bloqueo y de cuanta cosa se ha repetido y se repite hasta el cansancio. Se hace evidente el agotamiento. Y es que, aún, cuando es cierto lo que se dice, de tanto repetir se puede dañar al oído, y no es que haya que dejar de decir, de denunciar o de hacer, sino que la cuestión está en cómo hacer de ese cansancio, ímpetu.

Creo que hay una batalla intelectual muy dura. Una batalla que hay que librar mucho más, en el mundo de los artistas, de los profesionales, y que hay que dejar a otras instancias los vandalismos, a los influencers y farándula más agresiva, que, aunque inciden de la manera más negativa posible, tienen la función de actuar como contraste ante aquello que se nos acerca de una manera mucho más inteligente, más fresca, y que puede hacer dudar incluso a los que se identifican como revolucionarios. Acotar que la duda no es enemiga, que como la inteligencia en puro, no carga intereses más allá del provecho.

En conclusión, el artículo utiliza esos problemas que hieren profundamente a cada uno de nosotros, que sufrimos las mismas vicisitudes cada día, para denigrar, a un sistema social imperfecto, pero que más que nada trata desesperadamente de crecer junto a un pueblo que ha sido capaz de mantenerlo. Y decir esto no significa evangelizarlo, ni idealizarlo, mucho menos ignorar los vicios que volviéndose culturales ya, hacen un país muchas veces lento y somnoliento a pesar de su máxima proclama: Revolución. La repetición de consignas vacías, que no guarda convicción real muchas veces, debe ser sustituida por una fuerza creadora, veraz, genuina, consciente y doliente de los problemas que se viven en Cuba.

Creo que el Gobierno, pasando por la cultura del país, porque todo se hace desde lo cultural, ha de actualizarse para sumar a esa fuerza social que puede estar dudando de él. Es ese el reto más grande que veo en nuestros días.

(El autor de este texto es estudiante de 1er año de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes.)

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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