Feminismo y Marxismo

Fanny Edelman


Fragmentos de una extensa entrevista que la periodista argentina Claudia Korol realizó en 2000 a la luchadora y dirigente comunista argentina Fanny Edelman, quien fuera voluntaria en la Guerra Civil Española, luego una de las organizadoras de la Unión Argentina de Mujeres, y presidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM). Asumió la presidencia del Partido Comunista de la Argentina hasta su fallecimiento en 2011.


¿Qué entiende por feminismo?


El feminismo identifica a la mujer como un ser social integral, analiza su posición en la sociedad patriarcal, y lucha por lograr que las relaciones entre los sexos se fundamenten en la equidad y la igualdad de oportunidades.


Como todo movimiento social, el feminismo es plural y por lo tanto responde a diversas concepciones ideológicas, a distintas visiones de las relaciones entre los sexos y a las causas que someten a la mujer. De allí derivan distintas respuestas para alcanzar sus objetivos. El feminismo censura y combate el orden social hegemónico, desigual y discriminatorio, que tiene implicancia en todos los órdenes de la vida humana.


Dos vertientes lo identifican: el feminismo que lucha contra la discriminación y la desigualdad sin cuestionar el sistema de clases vigente, y el feminismo marxista que combate la naturalización de los roles culturales e históricos de la secundarización y sumisión [de las mujeres] junto a la lucha por la abolición del orden capitalista. (…)


Al comparar las propuestas de las distintas corrientes feministas, me identifico plenamente con aquella que enlaza el cambio de relaciones de clase con la eliminación del poder patriarcal, patentizando su esencia emancipadora. Al incorporar al examen de la desigualdad de clase la disparidad entre los sexos en todos los demás espacios de la vida social, y particularmente, la división del trabajo en el ámbito doméstico, este feminismo -esencialmente político- incentiva el desarrollo de la conciencia de hombres y mujeres sobre la situación subalterna de la mujer, y ensancha la lucha antimperialista. Además, al condenar severamente el patriarcado, contribuye a estimar por igual la vida humana y ejerce una importante influencia sobre nuestra subjetividad.


Ser diferentes no significa ser desiguales, y este juicio es uno de los fundamentos de nuestro combate por protagonizar junto al hombre, la vida política, económica, social y cultural de nuestros pueblos. Se trata de un combate muy arduo contra el poder patriarcal, paradigma de desigualdad.


¿Cuáles son los puntos de coincidencia entre la lucha feminista y la lucha revolucionaria?


Si para nosotras y nosotros, comunistas, la emancipación de la mujer es un problema político, íntimamente unido a la lucha de clases, y si nos proponemos lograr un cambio profundo, libertario, que altere de raíz la estructura y superestructura del sistema capitalista ¿No advertimos acaso que existen coincidencias fundamentales con el llamado feminismo marxista o socialista?


Cuando se ahonda en la reflexión y acción de este feminismo que es motivo de investigación en la antropología, la historia, la sociología, la psicología, la economía, las ciencias políticas, la lingüística y la filosofía. ¿No te parece que se tiene la necesidad de estar más y más atentas a su pensamiento?


Entiendo que somos feministas las mujeres y varones que consideramos a la mujer una sujeta social total, protagonista de la historia y la sociedad.


No es un dato menor recordar que el nuevo feminismo eclosiona en Europa y Estados Unidos a fines de los años 60 y comienzos de los 70, en un marco internacional relevante. Había estallado el proceso liberador en Argelia, y el mundo se conmovía con el Mayo Francés. África se rebelaba contra sus opresores y abría cause a su renacimiento. La histórica victoria de Vietnam sobre sus agresores norteamericanos, marcaba un hito en la comunidad internacional, y la Revolución de los Claveles Rojos en la mitad de los 70 en Portugal, significó la caída del ultimo régimen fascista en Europa y la independencia de sus colonias africanas. En esos mismos años 70, al instituir el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas incorporaron un instrumento dinamizador a la problemática femenina.


El capitalismo trasnacional, atento a este proceso ¨subversivo¨, se apresuró a actuar. El fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y el Banco Interamericano de Desarrollo, han incorporado a su discurso la categoría de género como un repugnante divertimiento, que no ha dejado de confundir a muchas mujeres, tan es así que cooptaron para sus proyectos a organizaciones feministas que sirvieron a los intereses políticos del neoliberalismo. (…)


¿Qué significan para el movimiento de mujeres los conceptos de género y de clase y como se integran en esta experiencia?


La categoría de género esta desprovista de toda connotación biológica y sexual. Es un problema social y político que atañe también al hombre, revelando que, a partir de diferencias biológicas, se construyen desigualdades sociales entre ambos sexos. Responde, efectivamente, a pautas culturales que pueden ser superadas en la medida en que la sociedad progrese.


La noción de género, social e históricamente construida, determina ámbitos y comportamientos tanto estructurales como ideológicos distintos, se pertenezca a uno y otro sexo. Como categoría social establece las normas dentro de la organización de la sociedad y como categoría cultural, determina conductas y modelos de valores.


La conciencia de género desafía los códigos culturales dominantes, basados en el sistema patriarcal, poderosa herramienta ideológica del capitalismo, que reproduce la opresión de género y legitima la opresión de clase.


La lucha contra el sojuzgamiento de género, y la opresión de clase, se conjuga en un todo único contra el sistema capitalista, y por un programa de trasformación social. Una educación no sexista, desde la perspectiva de género, ejercería una gran influencia en la familia, célula cardinal de la discriminación.


La opresión de género como vemos, tiene la misma raíz que la opresión de clase. Es una forma de desigualdad social que se manifiesta también en la raza, la etnia, el origen nacional, los inmigrantes, refugiados, discapacitados, las preferencias sexuales, etc.


En nuestro continente, existe no solo una interrelación entre género y clase, sino también entre género y etnia, que expresa, por ejemplo, en la tremenda indefensión de las mujeres de las comunidades de los pueblos originarios. La historia nos dice que, desde la esclavitud hasta nuestros días, la explotación de una clase por otra y la devaluación del papel de la mujer son concurrentes. Claro está que la devaluación no deriva de una inferioridad biológica, en razón de su sexo, sino de una profunda transformación social, provocada por la desintegración de la familia matriarcal, donde las mujeres ejercían un poder dominante y los hijos pertenecían a la tribu de la madre.

Cuando se anula la filiación y el derecho hereditario materno, así como el matrimonio múltiple y nace la familia monogámica y patriarcal, fundada en la superioridad del hombre, la mujer es considerada un instrumento de trabajo y de procreación. Desde entonces hasta hoy, sufre un doble sometimiento, en la sociedad y en la familia. (…)


Dos ámbitos bien definidos dividen la vida social: el público, que a través de los siglos han experimentado importantes cambios políticos, económicos, y culturales, y el privado, cuyo proceso de cambio ha sido lentísimo, muy lejos de lo logrado por el espacio público. Esta falsa dicotomía entre adentro y a fuera, de enorme fuerza cultural, incide profundamente en la conciencia de la sociedad y determina su comportamiento. (…)


Limitada a las cuatro paredes del hogar, además de su función de reproductora biológica, la mujer cumple una función económica esencial. Reconstituye una cuota sustancial del trabajo del hombre al transformar materias primas en alimentos y ropas, además de tener a su cargo el cuidado de los hijos y del hogar. Es un trabajo encubierto, trabajo ¨en negro¨ por excelencia, sin consideración social, que afecta su autoestima. De él se apropia el capitalista, que abona un solo salario por dos jornadas de trabajo: La del obrero – de quien obtiene la plusvalía- y la de la mujer, que reproduce la fuerza de trabajo del hombre.


El trabajo doméstico que no tiene valor contribuye indirectamente a abaratar el costo de la fuerza de trabajo y, en consecuencia, al aumento de la tasa de plusvalía y beneficios para el capitalista. A pesar de que, en el imaginario social, el sistema de valores patriarcales ejerce un enorme poder sobre la subjetividad de hombres y mujeres, creo avistar que asistiremos a un desgarramiento de dichos valores, que se aprecia en un incipiente proceso de flexibilización de las fronteras entre la vida pública y la privada, y también en el evidente proceso de ruptura de la división de roles de hombres y mujeres en la sociedad de clases. (…)


¿Qué hemos obtenido nosotras hasta hoy? Hemos logrado sacudir las bases de las relaciones humanas impuestas por la sociedad patriarcal ante la pujanza adquirida por el movimiento emancipador de la mujer en el siglo XX. Hemos abierto una importante brecha cultural e ideológica formando nuestra identidad de género. Hemos logrado que la sociedad reconozca que las diferencias sexuales no pueden determinar las relaciones sociales, y también que somos una fuerza en la lucha por cambios profundos en la sociedad. El reconocimiento de nuestros derechos reproductivos y sexuales ha fortalecido nuestra identidad, entendiendo estos últimos no solo como el derecho al placer sino también como parte del derecho al bienestar.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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