«No lo politicen»

Por Kenneth Fowler Berenguer


He de dedicar las primeras líneas para saldar la preocupación de muchos. Los resultados presentados tanto para el esquema de dos dosis de SOBERANA 02, como para el esquema de tres dosis de Abdala, cumplen con los estándares predefinidos por la OMS para ser consideradas vacunas. Pero no, hasta que la agencia regulatoria nacional – el CECMED – no emita el autorizo de uso de emergencia estos resultados no se oficializarán. Ya luego será que se podrán presentar a organismos internacionales para que las formulaciones sean incluidas en la lista de recomendaciones de los mismos. Pero estarán de acuerdo conmigo en que toda esta explicación quedaba demasiado larga en el título, ¿cierto?.


Ahora, a lo que nos ocupa. “El resultado es de científicos, no de políticos”, “no se cojan esto ahora [los políticos] y den el crédito a quien de verdad lo merece” o “¿qué tiene que ver Fidel en esto?” son algunas de las frases que afloran por estos días ante las rotundas – si bien no definitivas – victorias que la ciencia cubana ha asestado al coronavirus.


A estas frases pudiéramos darles varias lecturas; la primera es como parte de los ya automatismos de algunos que sienten grima al celebrar al 100 % un logro patrio y sienten escozor en la mano antes de presionar el botón de enviar, sensación que curan adicionando la posdata a un mensaje, por lo demás, de júbilo.


Otra posibilidad es que tales acotaciones funcionen como caballo de Troya a otros señalamientos más confrontacionales de una suspicacia desmedida ante los resultados que se presentan; no obstante, tales ataques contra la legitimidad de los resultados no suelen precisar de esa actitud de “celebro, pero no tanto”. Tales mensajes no celebran y ya.


Hay una tercera lectura, más preocupante en tanto muestra una ingenuidad que roza lo infantil. Simplemente tales comentarios evidencian un desconocimiento de plano de cómo funciona la actividad científico-tecnológica y de qué significa realmente que nos encontremos inmersos en la búsqueda global por afianzar una sociedad del conocimiento.


La actividad científico-tecnológica es, desde su desarrollo más básico, eminentemente social. Las primeras muestras de reconocimiento y estudio de estos temas dentro de la comunidad científica se comienzan a dar luego de la II Guerra Mundial. Ética científico-tecnológica, papel de los científicos ante la sociedad, relación Estado-instituciones científicas, políticas públicas relacionadas a la ciencia, entre otras, fueron de las pirmeras preguntas que comenzaron a formularse en ese entonces.


Históricamente existió una división metodológica en “escuelas” de los grupos de teóricos e investigadores de los temas de Ciencia, Tecnología y Sociedad (estudios CTS): la norteamericana y la europea.


La primera ponderó un enfoque posterior al hecho científico-tecnológico de estudio, centrándose en discusiones éticas con respecto al impacto de las tecnologías, el control a futuro que sobre estas habría, las políticas públicas enfocadas a su aplicación responsable, , así como temáticas relacionadas a la demcratización de su acceso.


En el caso de los europeos, estos estuvieron más concentrados en enfoques pretéritos a la aplicación de las tecnologías, como por ejemplo las condicionantes socio-históricas de la investigación en una rama u otra, cómo las condiciones socio-económicas y político-ideológicas moldean los caracteres epistemológicos de un cuerpo teórico o cómo se expresan las relaciones sociológicas imperantes en una comunidad dada al interior de las instituciones y los grupos de investigación científica. Actualmente, existe una creciente y nada despreciable tradición latinoamericana que trae a la mesa –entre otras– miradas descolonizadoras a la problemática Sur-Norte.


Claro, que el enfoque siempre fue verdaderamente híbrido y deja como principal enseñanza la invalidez total de toda tesis que apunte hacia el científico como un ente asocial y apolítico. La actividad científico-tecnológica, como cualquier actividad que implique relaciones sociales, está gobernada por conceptos como poder, consenso y hegemonía. Y es con esos conceptos en mente con los que se hace política.


¿Nos hemos preguntado por qué en algunas ocasiones a lo largo de la historia de dos teorías con bases epistemológicas similares, se escogió una y no la otra?
¿Existe sesgo idelógico a la hora de realizar la observación, etapa primigenia del método científico?


Ante la situación objetiva y real de que existen afectaciones biológicas a la fertilidad del ser humano, y que esto afecta la procreación y, por tanto la perpetuación de la especie en el tiempo (preocupación legítima), ¿cómo entender que se destinen muchos más fondos a la investigación e implementación de una industria de la reproducción asistida que a investigar causas y tratamientos profilácticos, si no es entendiendo que existe una lógica de rentabilidad comercial en ello y, además, un sistema patriarcal hegemónico que condiciona que “observemos” como un “problema científico” que existan mujeres que no puedan cumplir con el “encargo” de la maternidad? ¿No hay política en eso? No decimos aquí que no se investigue en técnicas de reproducción asistida para pacientes masulinos, no obstante, existe una brecha en este sentido con respecto a las mujeres que abre un debate para nada trivial.


¿No hay política en condicionar los financiamientos de las investigaciones en energías limpias a fondos provenientes del petróleo, creando así un círculo vicioso difícil de romper? ¿Quién gana aquí? ¿No existen intereses políticos involucrados? ¿Es o no política la decisión de investigar (o en este caso no investigar todo lo que se debería) las llamadas “enfermedades huérfanas”?


La ciencia en manos del capitalismo neoliberal se convierte en una herramienta más para perpetuar la hegemonía de la clase dominante. Y lo hace, irónicamente (o no), ahistorizando y despolitizando la propia actividad científico-tecnológica. Se busca que los científicos no se autoperciban como los actores políticos que son y se inserten en la cadena de valor de forma acrítica, manera en la cual el capital es capaz de extraer de ellos el máximo de plusvalía, a la vez que alimenta el mito de la supuesta “independencia” de la ciencia.


Todo esto con el valor añadido de sustraerse [los políticos y las políticas], o al menos eso intentan, de los efectos negativos del “progreso” científico-tecnológico. ¿Qúe fueron sino decisiones políticas las que llevaron a las bombas nucleares o a Chernobil? Aunque no le debe quedar dudas a nadie, no obstante, que las investigaciones detrás de ambos sucesos constituyen hitos en la carrera del hombre por el conocimiento.


Esta frase de Fidel, una quizá no tan mencionada de su emblemático discurso del 15 de enero de 1960, resume a la perfección la manera en la que la ciencia puede ser usada para subyugar a la clase explotada, no tanto ya en el plano material, sino en el intelectual:


“Se nos enseñaban los accidentes de la naturaleza, pero no se nos enseñaban los tremendos accidentes de la humanidad; se nos enseñaban las fallas de la naturaleza, pero no se nos enseñaban las fallas de la sociedad humana; se nos enseñaban los desniveles, los grandes desniveles de la naturaleza, de la tierra, mas, no se nos enseñaban los grandes desniveles de la sociedad humana; se nos enseñaban los picos de la sociedad, pero no se nos enseñaban los pantanos de la sociedad; se nos enseñaba que había una Ciénaga de Zapata, pero no se nos enseñaba que había mucha ciénaga social también en nuestra patria.  Y que la tarea no era solo de orden material, sino que era también fundamentalmente una tarea de orden humano. Y si es interesante la geografía, porque es el escenario donde vive el hombre, el hombre tiene que ser necesariamente más interesante todavía que la propia naturaleza donde vive.  Y del hombre se nos enseñaba muy poco, de los problemas sociales se nos enseñaba muy poco, porque en las escuelas, y sobre todo en las escuelas donde van a estudiar los privilegiados fundamentalmente, se le ocultaba al joven la verdad humana; se le ocultaba al joven – donde se le trataba de enseñar memorísticamente una serie de accidentes naturales –, los accidentes de la realidad social de nuestro pueblo.”


Y sí, es precisamente Fidel el artífice de las vacunas de hoy. Por la masividad de la enseñanza a principios de la Revolución, por la creación de escuelas vocacionales e instituciones científicas, por hacer “la locura” de insertarnos en el campo de la biotecnología cuando se podían contar con los dedos de la mano los países (desarrollados todos) del mundo que habían dado ese salto de fe, por “médicos y no bombas”.


Alejados de comparaciones infértiles y con la mira en todo lo que debemos mejorar, tenemos que estar siempre muy atentos de no caer en la trampa del “no lo politicen”. Debemos recordar siempre que este es un país bloqueado, pero antes que bloqueado, es pobre, un país dónde cada investigación que se hace cuesta muy caro, pero se hace. Quien quiera que nos olvidemos de esas cosas y hablemos de la ciencia en abstracto, ¿no está haciendo política?


«No lo politicen» es lo más político que se ha dicho sobre las vacunas cubanas.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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