Observando la ciencia e invitando a pensarla

Por Kenneth Fowler

«Si los artistas salen en la TV, ¿por qué nosotros no?». Así he escuchado y dicho muchas veces, reaccionando ante la falta – o más bien la poca presencia en comparación con los «culturales» – de espacios dedicados única y exclusivamente a la ciencia en nuestra televisión y otros medios de comunicación masiva. Hace un tiempo conversaba con el profesor Ernesto Estévez Rams y me decía que (https://link.medium.com/vM1W7umoqfb):

«Hay una carencia en el país de materiales que sean realmente de divulgación de la ciencia, y aquí no me refiero a reportajes esporádicos exaltando alguna institución, sino materiales hechos desde el rigor y desde nuestros propios científicos. Esto es importante por disímiles razones, y no podemos resolverlo solamente sacando notas sobre hechos puntuales, sino al poner a nuestros científicos a hablar de ciencia en los medios de difusión, en materiales que además deben contar con unos estándares de realización acorde a lo que se hace en el mundo. Podemos criticar todo lo que queramos a Discovery Channel, pero es cierto que debemos perseguir mejores estándares de calidad que logren causar mayor atractivo.”

Observatorio Científico, con su trabajo en diversas plataformas, su espacio habitual en el Noticiero, y ahora con sus 27 minutos en Canal Caribe, ha hecho (viene haciendo) justamente eso. Desde el periodismo y sus herramientas, desde la realización audiovisual con criterio estético, desde la dicción fluida y el diseño sobrio pero bello. Ha puesto a los protagonistas a hablar, a contar sus vicisitudes y sus alegrías. Lo ha hecho sin temerle a los nuevos actores económicos que son (¿puede ser de otra forma en la sociedad del conocimiento?) también nuevos actores científicos.

Pero el Observatorio ha hecho otra cosa, desde mi punto de vista más revolucionaria aún, que es ofrecernos un espacio semanal en la TV equiparado en tiempo y buena realización con otros como el Noticiero Cultural. Observatorio Científico ha propiciado un salto cualitativo en los esfuerzos por, como decía Martí, «poner la ciencia en lengua diaria».

Urge entronizar un entendimiento de la ciencia como un proceso eminentemente social donde palabras como consenso tomen un matiz primordial. Pocas maneras más certeras de definir a la ciencia que como un proceso constante de generación y renovación de consenso. Y esto parte desde los grupos de investigación, el primer nivel de pluralidad en este sistema, hasta la articulación del proceso científico-tecnológico – y aquí no hablamos solo del resultado – en el tejido social. Existe en Cuba una gran confianza en nuestra ciencia, pero urge, más que aplicarla, usarla y confiar en ella, pensarla.

El método científico prevé por ejemplo como primer momento en todo acto científico el de la observación. Pero, ¿por qué buscamos dónde buscamos? ¿Los «problemas científicos» están ahí o algunas veces los «creamos»? ¿Se puede entender el apogeo de las Teorías sobre la Inteligencia Hereditaria, o de ideas como la Inteligencia Natural o Intrínseca, sin reparar en las cruentas políticas de eugenesia y exclusión que las rodeaban? El debate ético, ¿precede, acompaña o sucede al hecho científico? ¿Cómo se fiscaliza la ciencia que hacemos? ¿Quién decide qué ciencia hacemos? ¿Quién decide cómo la hacemos?

Estas preguntas no son triviales. Cuando hablamos de democratizar el conocimiento no estamos diciendo que todos podamos «poseer» conocimiento como un bien, sino que todos podamos «participar» del conocimiento como proceso. Una sociedad del conocimiento en Cuba no puede ser sino democrática y eso significa que se requiere de la participación de todos y no solo de genios encumbrados en torres de marfil que deciden por los demás. Para eso, el primer paso es poner, de manera irreversible y efectiva, el proceso científico-tecnológico en vox populi.

Y no creo que Observatorio Científico vaya a convertirse en un programa para tratar única y exclusivamente las temáticas de filosofía, sociología y ética científico-tecnológicas. Pero lo que sí confío es en que será un resorte para, además de desmitificar realidades en torno a cómo se hace la ciencia en el país, además de mostrar avances, luchas, trabajos y resultados, además de renovar la confianza y el orgullo en quienes hacen ciencia de puntería en la Isla, generar preguntas, propiciar debates e impulsar que se busquen vías más efectivas de participación popular en todos los estadios del proceso de creación y transformación del conocimiento. No habrá democracia real sin esos debates, sin esa participación.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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