¿Es correcta la tasa de cambio empleada en la Tarea Ordenamiento?

Foto: Owen

Autor: Joel Ernesto Marill Domenech

El tema de la nueva tasa de cambio de la economía ha sido una cuestión que no ha quedado sin mención, como parte de los debates generados a raíz de la Tarea Ordenamiento. En lo fundamental la controversia en torno a esta ha girado sobre el cuestionamiento de si es efectivamente una tasa de cambio económicamente fundamentada, que exprese los equilibrios macroeconómicos de la economía y sirva así para el cumplimiento de los objetivos de la transformación en la que se enmarca.

Tomando como referencia la tasa de cambio informal, que en las condiciones actuales se encuentra a un nivel superior al de la tasa de cambio oficial, algunos especialistas han sugerido la posibilidad de que la tasa de cambio elegida, 1×24, se encuentra en un nivel menor al de la llamada “tasa de cambio de equilibrio” (visto en una explicación simplificada, esta es la que equilibra la oferta y demanda de divisas de la economía), que determinaría el valor económicamente fundamentado de la tasa cambio. Con esto se realiza un fuerte cuestionamiento sobre la efectividad real de la tasa de cambio elegida, pues se señalaría que no refleja realmente las condiciones de la economia y por tanto reproducirá muchas de las deformaciones de un esquema cambiario defectuoso.

La tasa de cambio informal (y más genéricamente el Mercado Informal de Divisas) suelen expandirse en una economía como resultado de la existencia de extendidos controles cambiarios que limitan la libre compra y venta de divisas en los mercados oficiales (Agénor, 1990)[1]. De esta manera, los mercados informales de divisas aparecen como respuesta a dichos controles, y como medio para la canalización de las necesidades de oferta y demanda de los agentes económicos que no pueden o quieren (por ser menos atractivos económicamente) acceder a los mercados oficiales.

Asimismo, una amplia bibliografía argumenta que es posible tomar esta tasa de cambio resultante del mercado informal como referente mucho más fundamentado y cercano a la tasa de cambio de equilibrio cuando ocurre un retardo de la tasa de cambio oficial que la aleja de las condiciones reales de la economía. Aunque este argumento no es homogéneo ni ha estado desprovisto de críticas, incluso en aquellas propias experiencias que han servido de base para su fundamentación, ha logrado ser asumido como un consenso por buena parte de la economia convencional y ha fundamentado por ello complejas y cuestionables recomendaciones de política.

Algunas de estas recomendaciones argumentan que dichas tasas de cambio informales deben ser una referencia hacia la cual debe ir dirigiéndose la tasa oficial, mediante un doloroso, pero necesario, proceso de devaluaciones hasta que ambas tasas converjan al equilibrio. Sin embargo, leer Cuba con estos lentes no es una lectura realmente adecuada; nuestra propia experiencia histórica y condiciones particulares dan pie a la necesidad de un replanteamiento de la relación convencional entre las tasas de cambio oficial e informal. Existen al menos dos elementos que diferencian sustancialmente la situación económica en Cuba de la mayoría de las experiencias internacionales donde se han desarrollado amplios Mercados Informales de Divisas y que obligan, por tanto, a una modificación profunda de las premisas mediante la cual estos se analizan.

a) La primera de estas particularidades está en la segmentación profunda de los mercados domésticos en Cuba. A diferencia de las tasas de cambio informal en otras economías, la tasa de Cuba solo refleja el equilibrio cambiario del sector de la población, por lo que a diferencia de otras experiencias en las que a dicho mercado informal concurren también actores productivos (como empresas privadas), la mayor parte del tejido productivo nacional, en el sector estatal, no concurre al mercado informal y por tanto no puede tomarse este como referencia para el equilibrio cambiario general de la economía.

b) Asimismo, las causas de la depreciación de la tasa de cambio informal en Cuba no pueden analizarse exclusivamente desde un esquema tradicional de desequilibrios monetarios y restricción de controles cambiarios. Como puede observarse en el Gráfico 1, la tasa de cambio informal (azul) comienza a depreciarse sobre los meses de julio y agosto de 2019, pero dentro de los márgenes fijados por la tasa de cambio oficial (compra en naranja y venta en gris).

La depreciación abrupta de la tasa de cambio informal coincide entonces con el recrudecimiento de las medidas de bloqueo económico en el segundo semestre del 2019 y la apertura de las tiendas en Moneda Libremente Convertibles (MLC) a finales de dicho año. Dichos procesos provocaron, por un lado, la contracción de la entrada de divisas a la economia (reducción de la oferta), y un incremento de la demanda de MLC para la adquisición de bienes en el comercio minorista en USD.

Más allá de los desequilibrios subyacentes que ante una oferta limitada se acumulaban ya en la economia nacional, la tasa cambiaria informal logró mantenerse estable en los años precedentes hasta darse la conjunción de los dos procesos antes comentados. En el 2020 estos procesos se complejizan (ver gráfico meses de marzo a agosto de 2020) aún más con los impactos en nuestra economia de la crisis económica asociada a la COVID-19 y en especial por la reducción de la oferta de divisas provocada por el cierre de la economía. Aun así, el desacople subyacente entre ambas tasas tiene un origen anterior y profundamente más relacionado al incremento de la demanda de MLC ante la apertura del comercio minorista en USD.

Gráfico 1.

Tomado de: Carmona (2020)[2]. Eje vertical CUC/USD.

Existen así razones para afirmar que aun cuando la tasa de cambio del ordenamiento se encuentre a un nivel menor que la tasa de equilibrio fundamentada de la economia, la referencia básica para el ajuste de la tasa oficial no deba ser la tasa informal. Sería incorrecto argumentar igualmente que la tasa de cambio del ordenamiento tenía que ser por necesidad la tasa de cambio de equilibrio desde el primer momento de ese proceso.

El ordenamiento monetario implica un proceso de transformaciones económicas tan profundas, radicales y complejas que supone la construcción casi desde cero de los mecanismos económicos que hacen funcionales los ajustes cambiarios. Como argumenta el economista cubano Dr. Carlos Pérez Soto, el ordenamiento es un proceso que no va tanto de regular el flujo de agua que pasa por las tuberías, sino de crear las tuberías mismas por las que ha de pasar el flujo de agua. Darle operatividad a la tasa de cambio, como variable económicamente relevante de la economía que sirva de base para la formación de precios, toma de decisiones de los actores económicos e instrumento de trasmisión de las políticas económicas, necesita primeramente reconstituir un entorno monetario-cambiario que ha estado durante décadas dominado por la ficción contable del 1CUP = 1CUC = 1CUP (sobre-evaluación extrema del tipo de cambio oficial) y por la dualidad de los circuitos cambiarios (1×1 y 1×24).

Este proceso implica primeramente poner a un mismo nivel (en un mismo circuito cambiario, en este caso 1×24) a todos los actores de la economía, permitiendo conectar así de una manera ordenada los flujos monetarios internos entre el sector de la población y las empresas, pudiendo prescindir de esta manera de los complejos mecanismos administrativos que eran indispensables para conectar a los actores económicos que trabajaban bajo entornos cambiarios tan diferentes. Se logra así también en un primer momento transparentar las finanzas empresariales y nacionales, muy poco fiables bajo el régimen cambiario dual, y dotar a los diferentes niveles de dirección de la economia de referentes objetivos para la formación de costos, precios y toma de decisiones. Se crea un entorno cambiario-monetario que permite entre otras cosas otorgar mayor nivel de descentralización y autonomía al tejido productivo y a los gobiernos locales, y crea las condiciones mínimas para emprender trasformaciones más rigurosas y profundas en la economia nacional.

Estas transformaciones mínimas que se logran en los primeros momentos del ordenamiento monetario, de conjunto con las reformas del mecanismo de ingreso y subsidios, necesitan garantizar, más allá de la exactitud macroeconómica que se busca con una devaluación hasta una tasa de equilibrio pronosticada, la gobernanza mínima del proceso, la estabilidad interna que puede lograrse con una tasa de cambio fija y estable que cumpla además con dos de los objetivos fundamentales de la primera parte del ordenamiento: unificación de tasas de cambio y la devaluación del sector empresarial.

La tasa 1×24 tiene además el añadido positivo de ser la tasa histórica en la que operaba ya el sector de la población, lo que permite hacer menos modificaciones a lo interno de este y aprovechar la brecha cambiaria existente (de 1×1 a 1×24) en buena parte del comercio minorista para, entre otras cosas, evitar una modificación sustancial de precios en el sector de tiendas anteriormente en CUC. Pudiendo ser otra en ese entorno, la tasa 1×24 es una opción aceptable, en tanto cumple las condiciones mínimas de unificación, devaluación, gobernanza y estabilidad del proceso y reduce de alguna manera las perturbaciones iniciales al sector de la población.

Luego de lograrse de forma exitosa estas transformaciones iniciales, garantizando la estabilidad y gobernanza de la tarea, avanzar hacia un proceso de ajuste fino en donde modificaciones paulatinas de la tasa de cambio unificada permitan hacerla converger hacia una tasa de cambio económicamente más justificada, se presenta como un proceso necesario, pero no por ello apremiante en las condiciones actuales.

Este proceso de convergencia hacia una tasa más realista, que puede estar cerca o lejos de la tasa inicial y que como ya vimos no debe tener como referencia primaria el mercado informal de divisas de la población, necesita para ser verdaderamente exitosa eliminar primero las distorsiones subyacentes del entorno macroeconómico cubano que afectan la estabilidad cambiaria de la economía.

Elementos tales como el saneamiento monetario y fiscal de los desequilibrios en el sector de la población y la reducción de los déficits fiscales, que tan importante papel desempeñaron en mantener la estabilidad cambiaria a finales de los años 90, así como fundamentalmente la superación del segmento de comercio minorista en MLC (causa fundamental del exceso de demanda de divisas en primer lugar) son procesos necesarios para la estabilidad cambiaria de la economía en el largo plazo. Avanzar en ellos, así como en otras trasformaciones institucionales, dígase la creación de un mercado interbancario único de divisas y la superación progresiva de los esquemas cerrados de liquidez, son elementos necesarios que han de estar en el cronograma de transformaciones, pero que no tienen un sentido tan apremiante en los primeros momentos del proceso.

Los beneficios asociados a la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria, aun cuando no se logre la plena convertibilidad de la moneda nacional ni el ajuste fino a la tasa de cambio de equilibrio, ya de por sí justifican completamente la realización de la medida y anteceden en las condiciones actuales a transformaciones futuras que en el orden institucional-cambiario han de realizarse. Sin duda el desacople de la tasa de cambio informal es una cuestión a tener en cuenta y a tratar mediante la política económica, por la información que trasmite y por el impacto que tiene sobre el consumo, reaprovisionamiento y las decisiones del sector de la población, pero no es, bajo las condiciones cubana al menos, un indicador efectivo sobre el que ajustar el esquema cambiario de toda la economía.

Ajustar al alza la tasa de cambio oficial (más allá de 1×24), sin eliminar las distorsiones subyacentes que condicionan el desacople entre esta y la tasa informal, tenía y tiene el muy seguro potencial de generar nuevos y profundos desequilibrios en la economía, que puede conllevar a un mayor distanciamiento entre una y otra tasa.

El costo social asociado a este proceso sería asimismo muy elevado, pues supondría nuevamente un ajuste obligatorio del alza de los precios y una nueva revisión consecuente (posiblemente en detrimento real) de los salarios y pensiones que no es imperiosamente necesaria y mucho menos deseable en las condiciones actuales y en virtud de los objetivos iniciales del ordenamiento monetario.

La progresividad y gobernanza del ordenamiento monetario y cambiario (Tarea Ordenamiento más otras transformaciones futuras) es una de las claves del éxito de un proceso tan complejo y en condiciones con tan poco espacio de maniobra como estas, pues más allá de lo puramente económico debe premiar el fundamento social y el enfoque profundamente humanista que no puede faltar en ninguna política económica de la Revolución cubana.


[1]Agénor, P. R. (1990). Parallel Currency Markets in Developing Countries: Theory, Evidence, and Policy Implications. IMF Working Paper, Fondo Monetario Internacional, Research Department, Washington. Obtenido de https://ssrn.com/abstract=885142

[2] Carmona, Michel (2020): Mercado informal de divisas en cuba. Tesis de Diploma Facultad de Economia. Universidad de La Habana.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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