Memorias del Trillo. La Tángana que viví

Autor: Raúl Palmero

Estas líneas quizás resulten tardías, extemporáneas. La avalancha de seguimiento y repercusión mediáticos a la Tángana Juvenil en el Parque Trillo fue abrumadora, inmediata; pero resultaba irresponsable de mi parte abordar un fenómeno que aún después de concluso no comprendía en su cabalidad. He leído muchas versiones sobre lo que ocurrió aquella tarde del 29 de noviembre. Aquí les dejo mis vivencias.

Antecedentes

Desde hace algunas jornadas los cubanos hemos estado al tanto de los renombrados eventos de San Isidro: una supuesta huelga de hambre con guion norteamericano en cuya argumentación no abundaré pues los medios de comunicación han hecho su papel al respecto. La Huelga sin Hambre fue interrumpida por las autoridades sanitarias: uno de los participantes, arribó a Cuba procedente de México, previa escala en Estados Unidos, y a su entrada en territorio nacional violó los protocolos sanitarios previstos para viajeros, poniendo en riesgo a los “huelguistas” y a toda la barriada.

La intervención por parte de las autoridades cubanas generó que un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, comenzaran a reunirse frente al Ministerio de Cultura exigiendo un diálogo con los funcionarios. En horas de la noche, una representación se entrevistó con el viceministro de cultura Fernando Rojas, estableciéndose un canal de comunicación y retroalimentación que debe permanecer. Sobre estos hechos, antecedentes, me parece oportuno deslindar algunos elementos.

Por un lado tenemos los sucesos de San Isidro, una supuesta manifestación pacífica impulsada y apoyada por la embajada de EEUU, que recibió más beneplácito virtual desde el exterior del país, que desde las calles cubanas. He ahí el verdadero “movimiento”: el hegemónico comunicacional, desplegado por los medios serviles a Estados Unidos, sus aliados de la derecha internacional, y unos pocos cómplices de la farándula cubano miamense, para destruir el sistema cubano, y cuya veracidad goza de desprestigio total.

Por otra parte, ante una mirada superficial, el encuentro de un pequeño grupo de jóvenes frente al MINCULT reclamando mayores libertades para el sector artístico e intelectual. Con el transcurso del tiempo, y la puesta en escena de nuevas pruebas, queda demostrado el montaje del andamiaje artificial de aquella congregación pacífica. Además, se han hecho públicas declaraciones de participantes, distanciándose y negado su apoyo a los de San Isidro. Lo que se anunció, desde y para la comunidad internacional, como el reclamo de un grupo de artistas, terminó atrayendo a diversos sectores que nada tenían que ver con el arte y la cultura.

Resultaría reduccionista afirmar que todos los que asistieron aquella noche al MINCULT son contrarrevolucionarios. Hay una enorme diferencia entre disentir, tener inconformidades, y ser contrarrevolucionario. Efectivamente, frente al ministerio se dio cita una pequeña masa con aspiraciones heterogéneas: personas que disienten acerca del funcionamiento de las instituciones; inconformes; rebeldes con o sin causa; y hasta curiosos. Por supuesto, hubo también contrarrevolucionarios, y contrarrevolucionarios mercenarios. Aunque no todos los participantes eran contrarrevolucionarios, sí es válido aseverar que fue una manifestación apoyada, promovida e intoxicada por la contrarrevolución. Por tanto, quién se sumó por razones sinceras, debe conocer que participó de ese juego.

La diversidad de posturas que allí se encontraron, determinó la complejidad y multiplicidad de criterios. Aplaudo la decisión del diálogo. Creo en la necesidad de articular y perfeccionar los espacios de intercambio con un sector de mi generación que no ha encontrado, o no hemos sabido mostrarle, un lugar en el amplísimo entramado de participación con que cuenta la sociedad cubana. Defiendo el diálogo, sin presiones, con el sector juvenil inconforme pero sincero, jamás con personas de largo historial al servicio del enemigo histórico de la nación. Con agentes pagados, con mercenarios, ni se dialoga ni se llega a entendimiento.

El respeto, no la tolerancia como presupuesto que parte de una posición de superioridad, es posible. En Cuba existe, y debe consolidarse el diálogo entre todos; excepto con aquellos que responden a la agenda del enemigo histórico de la nación. En el encuentro con un sector de jóvenes desligado de prebendas, que hizo presencia frente al Ministerio de Cultura el pasado 27 de noviembre, Alpidio Alonso, ministro, sentenció: “Cuba tiene que ser un parlamento dentro de una trinchera (…) No podemos perder la capacidad de ser ese parlamento, aún en condiciones de trinchera.”

Observando estos hechos, y la escalada programada de agresiones contra Cuba, muchos sentimos la imperante necesidad de actuar. Vislumbraban los destellos del incremento de las acciones de la Guerra No Convencional contra el país; la cosa empezaba de manual con el empleo del “soft power”. Hoy comprobamos lo “pacífico” de los fines imperialistas. Nuestra prensa ha denunciado el financiamiento de sabotajes, daños, atentados y agresiones financiadas desde los Estados Unidos. Muchas de estas “ofertas de trabajo” incitando al terrorismo se han hecho públicas a través de las redes sociales. No hay que ser agente de inteligencia para suponer que si son miles de dólares a la luz, son muchos más a la sombra.

Lo anterior es resultado de acciones desesperadas por parte de una minoría traidora que no soporta la idea de llevar más de sesenta años con la cantaleta de anunciar la muerte de un proyecto que no se deja caer. Tres elementos los llevan a la dramática irritación: la cercanía de un aniversario más del triunfo de la Revolución el próximo primero de enero; la salida del presidente más estafado por la mafia cubano americana en la Historia de EEUU, el próximo 20 de enero; la necesidad de crear una situación de tensión y victimización que deje sentado el camino para la fractura de las relaciones diplomáticas con el gobierno entrante encabezado por Joe Biden.

Recuerdo un post por esos días, en el muro de Facebook del trovador Karel García que semejaba el descontrol imperialista con el de la bestia herida de muerte que intenta dar el último zarpazo:

“-Diagnóstico: El dinosaurio perdedor va dando sus últimos coletazos. Serán dos meses duros, no solo para Cuba.

-Tratamiento: no caer en provocaciones. Actuar con firmeza. Dialogar, no claudicar.”

Concepción

Los cubanos, entrenados durante décadas, en el espíritu fidelista, a responder con energía y unidad ante las provocaciones, nos sentíamos inquietos. Nuestras organizaciones aparentaban una relativa calma. Varios buscaron señas de movimiento en el seno revolucionario. Existían dos peligros fundamentales si prevalecía el inmovilismo: la posibilidad de que nos tomaran las calles, un espacio ganado de pie por la Revolución; y que se impusiera el fetichismo discursivo, de que desde la derecha y la reacción se defendieran reivindicaciones y aspiraciones que pertenecen por esencia a la izquierda revolucionaria.

En medio de aquella ansiedad, conocí por un grupo en Telegram de jóvenes con los que suelo debatir y confraternizar, que existía el propósito de desarrollar un pronunciamiento genuino de la juventud revolucionaria. Aquel piquete, de gente de todos los sectores, unidos en el espacio digital, con el cual hasta el momento solía teorizar y discutir sobre los fenómenos circundantes, tuvo la capacidad de planear, conciliar posturas y armar la idea de lo que ocurriría el 29 de noviembre.

El improvisado guion, la concepción, la convocatoria, el diseño y hasta la impresión de pegatinas y carteles corrió por cuenta de estos muchachos. Ellos concibieron con naturalidad la tángana, y fueron sus artífices. Forjada con autenticidad la futura tángana, ya convocada, era el momento de contar con las organizaciones y movimientos revolucionarios. Hay nombres que no mencionaré, han preferido con humildad permanecer en el anonimato. En el Parque Trillo no debía buscarse ningún protagonismo, no se trataba de asegurar la presencia de un grupo u otro; allí debía estar la Revolución.

Por supuesto que hubo debate y tensiones en todas las etapas de incipiente y apresurado período de concepción. Ningún acto de naturaleza verdaderamente revolucionaria emerge libre de trabas o sillas puestas en el camino. Recordé a Fidel cuando sentenciaba que había que desafiar poderosas fuerzas dominantes, dentro y fuera. Para suerte y orgullo propio, nuestras organizaciones, con la Unión de Jóvenes Comunistas al frente, se sumaron a la convocatoria lanzada, desde genuina y espontánea iniciativa.

Fue así que se viralizó en toda Cuba el llamamiento a la Tángana Juvenil del Parque Trillo. Estados de whatsapp, publicaciones en redes sociales, cometarios en las esquinas, y un hecho que le puso la tapa al pomo: la intervención del físico Josué Benavides en televisión nacional, donde proclamó, por primera vez, con una épica envidiable, el derecho a la espontaneidad revolucionaria.

Todos nos pusimos en función de que no quedara nadie sin enterarse de lo que iba a suceder en el Parque Trillo. Los miembros del grupo lograron contactar con artistas e intelectuales que enriquecerían el espacio. El sábado 28 de noviembre me comuniqué con Israel Rojas, cantante de Buena Fe, quien pidió disculpas pues se encontraba en Guantánamo, pero respondió dándonos ánimo, y con sus palabras una inyección de fuerza. Por supuesto que existieron chapucerías, falsos convocantes y convocados escépticos; pero fueron casos aislados, los menos. ¿ En qué proceso que aspire a ser masivo se está exento de esto?. No obstante hubo ciertos círculos mal intencionados que magnificaron las manchas y vieron maleza donde se abría un trillo.

Algunos analistas, desde la distancia y  el romanticismo, han querido idealizar tanto los hechos de aquel día, que han terminado por hablar de todo excepto de la esencia que nos llevó allí. Tal pareciera que fuimos a cualquier cosa, menos a defender la Revolución. De ese grupo de teóricos hay que cuidarse, tanto o más que del enemigo, porque simula desde el interior de nuestras filas. No era nada nuevo para la juventud cubana responder como un resorte a los enemigos de la patria. Lo novedoso era el origen de la iniciativa, la forma de la convocatoria. Lo original, por otro lado, recayó sobre el apelativo de “tángana”: que significa alboroto, escándalo o pelea. El diccionario de Oxford desarma toda pretensión de desnaturalizarla, al recoger un significado del mote especialmente para Cuba: “discusión violenta sobre un asunto o situación ruidosa…..”

La tángana conectó simbólicamente con las luchas del movimiento estudiantil y obrero cubano, sustrato fundamental de la Revolución, teniendo su precedente más celebre en la famosa tángana del 30 de septiembre de 1930 dónde perdió la vida el joven estudiante de Derecho Rafael Trejo.

Espontaneidad e Institucionalidad en Revolución

A propósito de la convocatoria se desató un debate, influenciado desde la crítica contaminada, acerca de la espontaneidad de estos hechos. La idea, iniciativa, el contenido y su materialización corresponde a mis colegas del grupo de Telegram. Ahí radica la espontaneidad popular, independientemente de que a posteriori las organizaciones se sumaran. Recordé aquella madrugada de 26 de noviembre de 2016, tristes horas después de la muerte de Fidel, cuando se invirtió la carga movilizadora y los estudiantes convocaron a los dirigentes de la FEU a la escalinata. Cientos de llamadas y mensajes pidiendo la movilización inminente.

Resulta lógico que intenten subvertir la iniciativa juvenil. No pueden asimilar que con tanto dinero puesto en marcha, tanta campaña y un BLOQUEO con números récords, el sistema cubano mantenga el apoyo popular. Los revolucionarios no tenemos que competir con mercenarios en espontaneidad. La libertad de expresión y la iniciativa no es tal desde el momento en que te pagan por expresarte y te indican manifestarte desde los círculos hegemónicos de poder imperial. Nuestras organizaciones se unieron a la movilización, porque existen gracias al triunfo de un proyecto alternativo en Cuba.

Revolución es un fenómeno mucho más amplio e inclusivo que Estado, que gobierno y que institución; aunque el aparato estatal, bajo control y participación popular, tenga que jugar un papel esencial como instrumento del proceso de transformaciones. Es la comunión más clara de todos aquellos elementos del sistema político, incluso los que exponen contradicciones más o menos acentuadas, que desean mejorar la realidad social sin comprometer la soberanía e independencia del proyecto país, ni retrotraernos por imposición a un estadio inferior del desarrollo histórico, negando las aspiraciones de justica y progreso socialistas refrendas por la inmensa mayoría de los cubanos en el actual texto constitucional.

La Revolución es más que sus instituciones, pero es también sus instituciones. La distinción entre institucionalidad y espontaneidad ha sido exacerbada y amplificada por un sector reaccionario como parte de su oportunismo discursivo. No existe la institución como un ente metafísico, sino que son las personas, con criterio y pensamiento propios, quienes integran y articulan la institucionalidad. Comparto y me siento identificado con el Derecho proclamado a la espontaneidad revolucionaria, pero sin promover la desvinculación radical entre iniciativa popular y apoyo institucional; cuestión que solo contribuye al plan zanjonista del siglo XXI. Debe existir una simbiosis de construcción permanente; a medida que nos alejemos de ese equilibrio estaremos favoreciendo al divisionismo sin contradicciones antagónicas.

Los que parten del fetiche teórico, que niega la realidad y el tracto social, de una división irreconciliable entre sistema político y sociedad civil, no podrán jamás entender eso. Se trata de un imposible cognitivo para quienes reniegan de la verdad histórica que representa la Revolución e ignoran el lugar que ocupa el ser humano en el socialismo.

La organización de la tángana evidenció el ejercicio popular del derecho a defender la Revolución; un derecho proclamado  y con jerarquía constitucional a lo largo de la historia revolucionaria. La Constitución de la República lo configura en su artículo 4:  “Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución.”

Como con todo derecho, deben existir, y existen, garantías para su realización plena. La posibilidad de agruparse en las múltiples organizaciones de la sociedad civil; la cultura general y educación por diferentes vías; la obligación de las autoridades a responder ante quejas e inquietudes ciudadanas; la subordinación de todo el aparato estatal al control y poder popular; la preparación militar que recibe la población y la concepción de la guerra de todo el pueblo; entre otros ejemplos, constituyen garantías para el ejercicio de este derecho.

Nadie puede predecir el rumbo futuro que siga el diferendo cubano-norteamericano, las compejidades de la realidad nacional y las amenazas externas e internas. Ante la agudización del empuje de la reacción urge ser más proactivos, enfrentar con altura, civismo y nuevos métodos, todo tipo de provocaciones. Basta ya de que el lobo salga en portada disfrazado de oveja. Ante la escalada de los elementos que intentan subvertir nuestro orden social, político y económico, deben flexibilizarse los procederes y diversificarse las garantías para el ejercicio pacífico del derecho a defender la Revolución.

Tángana

Finalmente llegó el domingo. Con las primeras luces un espíritu sano, de entusiasmo, militancia bohemia y popular; de guerrilla  y utopías alcanzables. Poco a poco fue llegando más y más juventud al parque Trillo, ante la presencia sublime del independentista Quintín Banderas y los ojos curiosos de los vecinos del lugar. El escenario atípico, con su explanada natural, la ausencia de la acostumbrada ornamentación artificial, la música contrahegemónica actual, no convencional en los actos; lo místico del espacio improvisado y la inexperiencia de los organizadores, dotaron la fecha de un ambiente épico.

Sobre las cuatro de la tarde había un mar de jóvenes en el parque. Se respiraba un ímpetu impresionante. El primero en tomar la palabra fue Iramis Rosique, quien reafirmó el caráter genuino y espontáneo del evento, así como reclamó el derecho de la Revolución a defenderse. De su discurso me guardo:

“Nosotros reivindicamos que las luchas por la democracia y por la libertad son inherentes al proyecto socialista revolucionario, y estamos comprometidos con ellas. Lo que consideramos inaceptable es que esas luchas se empleen para lavar la indignidad de personas o colectivos que practiquen el anexionismo o el mercenarismo, los cuales atentan contra las condiciones de posibilidad de toda democracia real en Cuba.  Entendemos, además, que la democracia o la libertad de expresión son abstracciones, entelequias, si no se llenan de contenido. Se habla mucho de democracia, pero nunca se habla de poder popular. Se quieren miles de partidos políticos que se turnen el monopolio del poder, pero nunca se habla de la socialización efectiva de ese poder a las comunidades. Preocupa la libertad política, pero no interesa criticar la no-libertad a la que somete el mercado al cuerpo social. Una economía democrática e inclusiva, fundada en la cooperación, es imprescindible para el libre desenvolvimiento de todos, y no de unos pocos.”

Después de que se rompiera el hielo como es debido, se trepó a la tribuna el físico Josué Benavides, quien abordó la problemática racial:

“Hago un llamado a los barrios, las escuelas, las comunidades, lo más genuino del pueblo, a las instituciones y a todas las fuerzas de izquierda (y hemos de reconocer que la mayoría del pueblo cubano es de izquierda y que, la izquierda cubana en su amplitud es profundamente compleja y diversa), a subvertir de manera organizada el entramado racista que subyace en nuestra práctica diaria. Pero los problemas complejos requieren soluciones complejas. La problemática racista, para que se aborde de manera genuina, coherente, efectiva y, no cabe otra cosa que revolucionaria, debe atravesar la problemática de la mujer, debe atravesar la problemática del movimiento LGBTIQ, debe atravesar la problemática clasista. Solo así abrazaremos la idea de la sociedad sin razas, la sociedad de iguales. La utopía no es lo inalcanzable, la utopía es lo que nos permite alcanzar eso que en algún momento fue inalcanzable.”

La cosa fue cogiendo calor. Existía un balance casi perfecto entre entusiasmo y conciencia ante lo que allí se discutía. Claudia Damiani, escritora y diseñadora se acercó al micrófono. Un llamado a la unidad dentro de la diversidad fue su defensa:

“…la Revolución no puede permitirse que se hable en su nombre con términos homófobos o machistas. Que aquellos y aquellas que nos consideremos revolucionarios, reproduzcamos en nuestra vida privada, relaciones y prejuicios heteropatriarcales. Como tampoco se puede permitir que se nos divida y que las diferencias pesen más que la meta común (la justicia social), ni que la derecha e intereses externos, se apropien de ningún discurso progresista, porque ningún orden social que implique desigualdades y privilegios (tal es el caso del capitalismo) puede ser verdaderamente justo. Pero si la izquierda no es lo suficientemente feminista, antihomofóbica, ecologista, antirracista y democrática, le estará regalando estas causas.”

Un amigo de causa, que impulsado por la convocatoria, vino en “botella” en una rastra desde Sancti Spíritus, pidió permiso para hacer uso de la palabra. Pedro Jorge Velázquez, un joven estudiante de periodismo que ha impresionado a muchos por su valentía y lucidez:

“Negar la espontaneidad de este encuentro es negar la espontaneidad misma de la Revolución. Negar la espontaneidad de esto es negar que antes de 1959 los jóvenes sí se lanzaron a la calle de forma espontánea, sí fueron a luchar por la libertad de expresión. (…) Esta juventud que está hoy aquí es una juventud crítica, es una juventud que entiende nuestros problemas socioeconómicos, culturales, sociales…La juventud que está aquí lo entiende, pero es una juventud que no se va a desentender de sus conquistas. Qué hay más inclusivo que el socialismo. Esa es mi pregunta”

También llegó el turno a Karla Santana, mi Karla, presidenta de la FEU de la Universidad de la Habana y estudiante de Derecho. Su voz se disfrazó de ternura para espetar grandes y firmes verdades:

“…… sepan que vinimos aquí porque el socialismo nos abre un universo de justicia mayor que la que proponen los que desean destruirlo. Vinimos aquí porque la solución no está en generar sentimientos de descontento, o en la impotencia disfrazada con discursos en contra de la Revolución. Vinimos aquí porque al hablar de democracia no permitiremos que se defienda desde el apoyo mercenario o anexionista; que quede claro, que la democracia plena en Cuba, la profundización democrática a la que aspiramos, solo será socialista, o no será. Vinimos aquí porque los estudiantes y jóvenes de vanguardia debemos estar al frente en los tiempos, alertar, desmentir, defender la Revolución y el socialismo desde dentro, no como falsos liberales y demócratas quieren hacer. Vinimos aquí porque estamos dispuestos a dialogar, pero no con guiones de la producción hollywoodense, ni reírle el guiona la teoría del soft power. Vinimos aquí para que se sepa que hay juventud revolucionaria pa′rato. Vinimos aquí porque no negociamos el socialismo, y porque no negociamos que, disfrazados de democracia, nos arrebaten la Revolución. Con la Revolución ¡nadie puede equivocarse!”

Claudia Flores, trabajadora de ETECSA y miembro del Proyecto Nuestra América, sintió como nadie su derecho a la libertad de expresión:

“Uno puede ser revolucionario también porque lo siente, no porque nadie le diga que lo tiene que ser; sino porque comprende cómo funciona el proceso, se ha apropiado de él, se siente parte y quiere lo mejor para su país. (…)Los organizadores somos personas de todas las edades; pero que compartimos un mismo criterio: queremos construir la Revolución, porque una revolución, no es algo estático, que se creó y ya todo está dicho y hecho; la Revolución se debe construir cada día (…) A Cuba la construimos los cubanos, sin que nadie nos obligue, sin que nadie nos diga lo que tenemos que decir. Hay que ser auténticos.”

Alejandro Palmarola, Biólogo y ambientalista, presidente de la Sociedad Cubana de Botánica, tuvo a su cargo lo que denominó Declaración de Principios: 

“Creo en la solución pacífica de los conflictos y no me identifico con el uso de la fuerza en ningún caso. Creo en la libertad de pensamiento, de expresión y de creación. Creo en el poder renovador y cambiante de la juventud y en la real espontaneidad de los movimientos sociales. Creo que existen fuerzas externas muy poderosas que buscan estallidos sociales y los usan con fines políticos nada sociales. Creo que la torpeza, la falta de comunicación y las mentes cerradas nos hacen daño. Creo que la vulgaridad y el mercenarismo no deben ser considerados expresión artística. Creo en el diálogo sincero y respetuoso, porque en la naturaleza no existe la unanimidad pero sí la unión y la comunión. Creo en el socialismo como sistema que defiende la construcción colectiva de una sociedad justa y solidaria. Creo en la solidaridad, en la evolución y en el mejoramiento humano. Creo en el «nosotros» a secas, más que en el «ellos y nosotros ».”

Raúl Escalona, estudiante de periodismo y presidente de la FEU de la facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, tomó las riendas de la historia y reafirmó las bases liberadoras del proceso revolucionario.

“Los criterios que hemos visto emerger en estos días son criterios cargados de total intención. No puede haber ingenuidad en quien reniega del movimiento histórico emancipador; no puede haber confusión en quienes, por un exceso de amor o una acumulación de frustraciones, pretende apoyar un hecho absolutamente indigno para hacer avanzar su programa político particular. Y si hay ingenuidad y si hay exceso de amor que impide colocar la cuestión en su sitio, es nuestro deber levantar estas tribunas para explicar, como maestros ambulantes, la praxis ética de la Revolución, debatir sus contradicciones y  buscar en el diálogo revolucionario la solución a los problemas a los que nos enfrentamos (…)Si un derecho debe reclamarse en la Cuba actual, es el derecho a la espontaneidad revolucionaria, si un derecho debe reclamarse en estos días donde tantas ofensas han llovido sobre esta tángana, es el derecho a la sinceridad revolucionaria, y si un deber emerge de estas palabras, de este acto, de este momento histórico que nos asiste, es el deber de profundizar nuestro socialismo, es el deber de democratizar —aún más— la Revolución y sus organizaciones.”

Los discursos de estos valiosos jóvenes quedaron inmortalizados, con una inmediatez y transparencia de celebrar, en un libro de la editorial Ocean Sur que recomiendo: Tángana en el Trillo, voces jóvenes de la izquierda en Cuba.

Junto a los miles que nos dimos cita, debe destacarse la postura heroica de los artistas cubanos. Por qué detenernos en declaraciones superfluas cuando en Trillo la voz de Arnaldo, Raúl Torres, Ray Tun Tun, Duany, entre otros, hicieron brincar y hasta llorar a muchos. La lucha de nuestros artistas, cultural y simbólica, supera la confrontación de paradigmas representativos de sistemas socio económicos, y recae en la pugna entre las tendencias políticas históricas de la nación: el Independentismo contra el anexionismo y el reformismo traidor.

Sobre las cinco de la tarde era tremendo el espíritu que se respiraba: grafiteros llenando los suelos con la imagen del Che; padres cargando a sus hijos sobre los hombros. Muchas sonrisas, jóvenes sonriendo, porque la Revolución y el camino de construcción de la sociedad a que aspiramos hay que vivirlo y defenderlo con optimismo y entusiasmo. Gente de todo tipo, de todos los colores, de todas las orientaciones, con todo tipo de pelados y estilos, unidos en torno al deseo de defender lo nuestro. Si ya a estas horas Trillo era una olla de presión juvenil, el ánimo se disparó cuando de la nada, sin previo aviso ni grandilocuencias, vestido de sport, se pareció el Presidente Díaz-Canel; entonces la olla explotó.

La confusión y alegría ahogó a muchos la garganta. La algarabía viajaba en vivas y vítores. Claudia Flores, que estaba haciendo uso de la palabra, quedó en shok. Se jodió el improvisado guión. La escolta del presidente ejecutó un improvisado cerco de estrecho diámetro en la explanada. Seguían todos pasmados, paralizados, encendiendo apresurados sus teléfonos para guardar el recuerdo único. Los muchachos que organizaron la tángana intentaban en vano llegar al presidente, no podían sobrepasar el cerco de la escolta y la masa de curiosos. Tomé un micrófono inalámbrico y realicé varios intentos fallidos por alcanzárselo. Logré acercarme, grité: -“Presidente”. Giró, me miró, extendió el puño en saludo estilo COVID. EL cerco cedió, finalmente pude alcanzarle el micrófono…

Diaz Canel nos recordó a Fidel, siempre con los jóvenes, con el pueblo en  los momentos claves:

“Déjenme ante todo explicar el motivo de nuestra presencia aquí, que para nada es importunar, ni para nada es molestar lo que ustedes están haciendo. Uno de mis hijos, que está compartiendo con ustedes hoy, que está compartiendo con ustedes desde ayer cuando se empezaron a convocar —y quiero aclarar que lo convocaron ustedes mismos y eso lo reconocemos—, me pidió que no viniera, porque dice que iba a desnaturalizar este encuentro. (…)Ustedes saben todo lo que nos han querido montar… Entonces quería decirles lo siguiente: miren, ustedes saben todo lo que nos han tratado de montar, nos han montado un show mediático; esto va a ser un grupo de sucesos que se van seguir continuando porque a fin de cuentas es una estrategia de guerra no convencional para tratar de derrotar a la Revolución; es el último intento que podían dar los trumpistas y la mafia anticubana, que ahora también es trumpista. Y ellos tenían en su pronóstico, tenían en su agenda que antes de que terminara el año, tenía que caer la Revolución Cubana, tenía que caer Nicaragua y tenía que caer Venezuela. ¡Y se van a quedar con el deseo! ¡Yaquí en Cuba se van a quedar con el deseo! ¡Porque nuestros jóvenes están en las calles! ¡Y porque el pueblo cubano está en la calle! Y porque no admitimos injerencia desde el Norte y los problemas nuestros los discutimos entre nosotros, y soberanamente decidimos, y aquí hay un espacio de diálogo para todo lo que sea por el socialismo y para todo lo que sea por la Revolución.”

Repercusiones

La Tángana Juvenil movió cánones y formalidades del usus revolucionario, mostrando un camino para rejuvenecer prácticas y costumbres. Evidenció la presencia de un sector auténtico de jóvenes intelectuales, representativo de las ideas más avanzadas de la izquierda internacional, y dispuesto a integrarse con las instituciones de la Revolución y sus organizaciones juveniles; un sector con el que hay que contar.

Urge repensar nuevas formas de hacer política, flexibles en las maneras pero más firmes en las esencias. Se requiere más dinamismo, sencillez, originalidad, en el actuar revolucionario. Debe continuarse la conjunción al proceso de las aspiraciones de todos aquellos sectores que no pretenden destruirlo, así como las reivindicaciones progresistas de las minorías que conviven en la sociedad cubana. La Tángana representa un hito en la historia reciente de la Revolución, un recordatorio de que el pueblo la apoya y es capaz de organizarse para defender sus conquistas. Simboliza el rejuvenecimiento del entramado social revolucionario del siglo XXI, y es resultado detonante ante las presiones reaccionarias. Tuvo un alcance regional comunicacional, y replicó su espíritu a lo largo y ancho del territorio nacional. En todas las provincias, los barrios, el seno de las organizaciones, la gente exigía y organizaba su propia tángana.

Aquellos que pensaron debilitar al país, provocaron la radicalización de un sector hasta ahora poco visible y consolidaron la unidad en torno al proceso. Contribuyeron a la definición de posiciones políticas y lealtades, así como a comprobar de qué mano va el discurso y de cuál la acción. La juventud cubana se entendió protagonista y encontró un cauce para desbordar iniciativa.

Este hecho mostró el Trillo para un nuevo camino de defensa y construcción revolucionarias. ¡Historia de Cuba!, abre una nueva página, para la Tángana Juvenil del Parque Trillo, del 29 de noviembre de 2020.

Publicado por Bufa Subversiva

Cubanos, martianos, revolucionarios y socialistas de nacimiento.

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